domingo, 5 de marzo de 2017

El camino no es como me dijeron que sería…


Como lo prometí antes (aunque ya bastantes meses atrás), quiero compartir con ustedes mis vivencias en el Camino de Santiago… el reto físico, emocional y espiritual que más ha nutrido mi vida y que dejó a cada paso muchos aprendizajes.

“El Camino no es como me dijeron que sería” … ese pensamiento merodeaba mi mente los primeros kilómetros del tercer día de trayecto del Camino Portugués, desde Redondela hacia Pontevedra.



Advirtieron que por la fecha del año era probable que nos tocaran días de lluvia, además de que dicen que “en Galicia siempre llueve”. Así lo informaba el pronóstico del tiempo y lo confirmaba el simple mirar por la ventana… Una nube negra sobre el hotel al despertar, que una vez terminado nuestro desayuno se convirtió en una caída constante de lluvia.

Después de los 2 días de Camino que ya habíamos recorrido, empezamos a tener aprendizajes de cómo caminarlo. Te sientes experto en muy poco tiempo. Ya sabes cómo tomar las subidas y las bajadas y ya entiendes porque los peregrinos cargan con un bastón o bien con un palo de árbol. Ya sabes qué calzado te acomoda mejor, ya sabes que debes aligerar tu mochila cada vez más y haces conciencia que tu hidratación es quizás de las cosas más importantes.

Pero cuando empiezas a caminar bajo la lluvia los retos cambian. Lo que pones en tu mochila de espalda es muy distinto, te preparas lo mejor que puedes. Debes tener más cuidado de no caer, no tropezar, no resbalar. Hay que aprender aún más rápido dónde pisar, aprender dónde vale la pena que el zapato se moje antes de tener un resbalón. Ante circunstancias difíciles hay q saber medir las consecuencias y con ello tomar tus riesgos.

Ese día fue uno de los más importantes hasta ahora. Descubrí que la vida diaria está llena de “lluvias”, a veces de tormentas. Empecé a ver con mucha claridad todas esas analogías bajo mi nublado y lluvioso paisaje.

Descubrí que los días son más bien décadas en nuestra vida, y que al pasar no 2 días sino 2 o 3 décadas de caminar crees tener dominado el Camino, pero un buen día te sorprende una tormenta que no se parece en nada a las lloviznas que alguna vez sentiste en tu joven rostro.

El Camino no es como me dijeron que sería…  

Los que alguna vez han peregrinado o lo que acostumbren hacer senderismo, hiking, o algo similar saben de qué hablo y otros tantos que acostumbren vivir la vida intensamente también sabrán a que me refiero.

Ese día fue el de más pensamientos, mayor silencio, mayor reflexión. Dentro del grupo fuimos más cordiales, con el ánimo arriba alentándonos entre nosotros, procurando el cuidado propio y el de los demás. Era una realidad, todos estábamos viviendo lo mismo y el compañerismo definitivamente nos rindió frutos pues hasta nuestro ritmo de minutos por kilómetro fue record. Quién iba a pensarlo, con la lluvia y el viento en nuestra contra, nuestro desempeño fue mejor. Aprendimos más e inclusive nos divertimos más.

El Camino no es como me dijeron que sería…  fue aún mejor… porque ese día terminé “empapada de aprendizajes”… siendo tres de ellos los más importantes:

Cuidado aquel que no llegue con los zapatos BIEN MOJADOS al final de su vida. Tienes que salir aún con más fuerza los días lluviosos de tu vida. Salir de tu zona de confort, salir de tus problemas, salir y descubrir que hay otros caminos y que las oportunidades se vuelven infinitas. Hay que atreverse y pisar más fuerte. Mientras más cerca de la meta estés más te atreverás a pisar los charcos.

Las lluvias no son eternas. Cualquier situación que estés viviendo, cualquier tormenta en tu vida, terminará. Tú decides si caminas como yo en los primeros kilómetros de lluvia en Galicia, viendo mis zapatos y repitiendo sin sentido “odio mojarme… odio mojarme”… o bien, caminas como mi esposo quien desde el amanecer decidió ponerse shorts (contraria a mí que tenía pantalones largos – según esto – impermeables) y que sus piernas se empaparon al primer minuto, pero que estuvo muy contento diciendo “hay que aprovechar, mañana ya no va a llover”. ¿¿¿Aprovechar???. Sí, aprovechar… pues las lluvias no son eternas. Ese día mi esposo me dio una gran lección de ACTITUD, que sutilmente me había estado demostrando durante los meses anteriores. Ese día, bajo los chorros de agua que corrían por sus piernas, me confirmó que gracias a él y a su grandiosa actitud nos habíamos mantenido a flote ante la tormenta de nuestra vida.




Mi tercer aprendizaje tiene que ver con mi madre quien ante cualquier frío, viento o lluvia siempre me ha dicho “tápate bien el pecho”. Siempre el pecho antes que los pies o cualquier otra parte del cuerpo. Mucho tiempo pensé que era por los pulmones, pero ese día comprendí porqué…. En el pecho está el corazón y mientras tengas el corazón bien cuidado y sano podrás recurrir a él para auto-sanarte, para auto-curarte y para seguir adelante. No importa que situación vivas nunca permitas que tu corazón se dañe lo suficiente como para no tener amor propio y auto-compasión. Mi madre es una sabia y toda su vida ha estado cuidando de mi corazón.


Son las 12 del día, la lluvia más fuerte ya pasó.. Se oye a lo lejos un gallo despistado que apenas ha visto un poco de luz y solo se oye su peculiar kikiriqueo gallego entonando " buen camino, peregrino".

Hemos llegado con energía a Pontevedra y Jose María nos ha dicho con su buen humor de siempre "¿y si adelantamos camino de mañana? … así, hasta con suerte, se me secan las zapatillas deportivas"

Mi último pensamiento del día: Parar y disfrutar el hoy. Hay que dejar “secar los zapatos” antes de adentrarnos a otra aventura. Igual con el corazón. Hay que dejarlo procesar los sentimientos y emociones vividos, mientras nos deleitamos con el espectacular paisaje que la lluvia dejó para nosotros.



Con los pies bien mojados y el corazón muy calientito,
La mamá de Mia <3

@VidaMiaDM

vidamia0409@gmail.com




viernes, 16 de septiembre de 2016

Agradecida a cada paso …




Hace un año cumplí una gran meta en mi vida… La llegada a la Catedral de Santiago de Compostela, después de más de 120 kilómetros de caminar, representó un gran huracán de emociones. Muchos significados tuvo para mí ese acontecimiento, y en sí todo el Camino de Santiago, durante el cual fui acumulando aprendizajes de vida y que ahora estoy rescatando de entre mis notas de viaje …

En las siguientes entradas del blog les iré confiando con amor cada uno de estas enseñanzas divinas.

Así pues, decidí emprender este viaje por razones emocionales, espirituales y físicas.

Primero que nada quería sanar mi corazón y encontrar nuevamente el amor en él. Después de los momentos de profunda tristeza que había vivido quería sacar todos los malos sentimientos que tenía acumulados y no veía otra forma de hacerlo que re-encaminando mi energía a través de un propósito.

Además, quise re-encontrarme con Dios ya que cuando pasan cosas incomprensibles e inesperadas en nuestra vida lo primero que pensamos es que Dios se ha olvidado de nosotros y cuesta trabajo convencerse de lo contrario.

Y finalmente quería re-conciliarme con mi cuerpo. Aquel que creí que me había fallado y no encontraba forma de re-activarlo con ninguno de los ejercicios que empecé a hacer después de la cuarentena, pasé por todo: cardio, yoga, natación .. etc … y ninguno me hizo sentir físicamente como los primeros kilómetros del Camino de Santiago con los ojos completamente bañados en lágrimas.

Fue así como descubrí que el Camino me permitió unir estas 3 partes que se habían roto y volver a conectar en una sola pieza a mi corazón, mi alma y mi cuerpo.

El primer día se unieron en el camino una pareja de uruguayos que aprovecharon un viaje de trabajo a Portugal para hacer un turismo “distinto” y así emprendimos el camino juntos desde la Catedral de Tuy.

No habían pasado ni 2 kilómetros y la pregunta que hundió mi estómago fue …”y ustedes, ¿por qué hacen El Camino?”… me quedé petrificada, no sabía que decir… la tentación de contar nuestra historia y de hacer explotar TODOS los sentimientos y emociones que saltaban dentro de mí, fue muy grande. Pero me contuve y simplemente respondí … “Por agradecimiento”

Los siguientes kilómetros fueron difíciles … en silencio me preguntaba a mí misma “¿en serio?, ¿por agradecimiento?”… fue una tarea ardua encontrar razones por las cuales estar agradecida después de la avalancha de malas noticias, tristezas y desmoronamiento de ilusiones que habíamos vivido y fue entonces que decidí “adoptar” ese propósito para mi Camino…. AGRADECER.

Y bueno como soy un tanto metódica, ordenada, por no decir obsesionada, cuadrada y planeadora me dispuse a dedicar todos y cada uno de los kilómetros de mi Camino a agradecer a las grandes personas en mi vida. Los primeros kilómetros fueron por supuesto en honor a Mia, el motor que hizo que saliera yo de la cama a ponerme unos tenis y caminar … ahora si, nuevamente con un rumbo.

Otros kilómetros también fueron dedicados a mi esposo quien ha sido testigo y parte de todos estos aprendizajes y quien con su paciencia me ha demostrado un amor infinito.

Unos tantos kilómetros más en honor a mis papás … ese par de viejillos simpáticos que me demuestran su amor con tan solo verme a los ojos sonriendo.

Y después de ello… ufff.. aún quedaba mucha distancia por recorrer… así que fui intercalando kilómetros completos en silencio elevando mis oraciones a Dios, con kilómetros dedicados a mis seres queridos y fue ahí cuando apareció mi fase metódica…. Jajajaja… las fechas de cumpleaños se convertirían en el kilómetro dedicado a cada persona...

Mis hermanos fueron los kilómetros 8, 15 y 19… mis amigas de la universidad fueron 3, 16 y 17… las de la prepa fueron 3 (doblemente), 6, 14, 28 … y mis cuñadas, mis sobrinos, … mis amigos de hoy y mis amigos de ayer … los más presentes y los más ausentes… los que me sé sus fechas de cumpleaños y los que 'creo' que me sé su cumpleaños… Aún conservo la nota donde los apunté… A algunos se los hice saber, a otros solo les envié buenas vibras durante 1,000 metros de reflexión, de amor, en algunos casos de perdón, pero sobretodo en todos ellos hubo un inmenso agradecimiento, pues todos ustedes han sido mis maestros en la vida.

En próximos posteos les contaré lo que implicó esta aventura, lo que me dejó y lo que descubrí que soy… pues  contrario a lo que muchos pensarán, el camino NO te cambia, sino que te acerca a tu esencia….Te re-encamina en tu propósito, te hace re-encontrarte con Dios, te permite re-conciliarte contigo mismo, te facilita re-activar tu cuerpo dejando la inercia en la que hayas estado, te permite re-conectar con lo que siempre has sido … y finalmente te impulsa para seguir tu propio Camino mientras alguien a lo lejos, desde su parcela, te sonríe y te dice … “buen camino, peregrino”... 

Con profundo agradecimiento,
La peregrina, mamá de Mia.

@VidaMiaDM
vidamia0409@gmail.com


viernes, 1 de julio de 2016

Viajando (más) ligera…


Estoy haciendo mis maletas. Nos mudamos de ciudad. Estamos cerrando un ciclo, o más bien, me gusta pensar que estamos abriendo uno nuevo. Yeeaahh!!!


Ya empecé a sacar cosas de los closets, a meter en maletas lo más preciado y a tirar o regalar lo que ya no usaré. Y entre esas tareas, abrir el closet y cajones donde tenía las cosas para Mia, ha sido quizás lo más complicado en este proceso. Al abrir el closet me he quedado contemplando, en silencio, simplemente observando, sintiendo, recordando, añorando, reviviendo la ilusión y así, después de limpiar las lágrimas de mi rostro... me animé y empecé la difícil tarea de guardar.

Recorrí pieza por pieza, cada una de las pijamitas, vestiditos y conjuntos que tenía para ella. Recordé la frase que le dije a mi esposo cuando regresamos del baby shopping… “siento que pedí una muñeca a Amazon y que llegó toda la ropita, pero no llegó la muñeca (aún)...”

De hecho, cuando murió Mia también recordé esa frase y tuve la gran reflexión de que a final de cuentas, al final de todo lo que compramos, que planificamos, que escogimos, etc..etc..  lo ÚNICO que importaba que llegara bien (“de mi pedido”) era la muñeca, … mi muñeca, mi nenita. Gran aprendizaje: la vida y la salud son lo prioritario.

En fin, en este afán de empezar a guardar  (y aferrarme inconscientemente a lo material) me di cuenta que lo que tenía que hacer no era guardar… ¡¡sino sacar!!!... En definitiva, me gustaría tener otro bebé y siempre me he preguntado qué pasará si ese bebé arcoíris que venga a nuestras vidas es un niño y no una niña?. OMG!!! Qué gran dilema, tengo tanta ropa de niña y unos vestidos verdaderamente hermosos!!... y entonces mi primer instinto fue empezar a guardar y pensar “por si acaso tengo niña mejor guardo toooodo"… y “por si acaso esto … y por si caso aquello… ay nooo, mejor guardo todo y lo tengo super listo … por si acaso”.

Hice una pausa y me di cuenta que tenía frente a mí una gran oportunidad de SOLTAR… así que tomé valor y escogí los vestidos más hermosos de Mia (aquellos que yo misma había comprado y escogido con verdadero amor de mamá) y empecé a hacer mi lista…

“el vestido azul para Amelia, el blanco con listón color menta para Regina, el vestido que parece porcelana para Camila, el de mallas rosas para Ximena …” (y otros más que aún tengo por ir a entregar…)

En medio de ese valeroso acto mi esposo me preguntó …. ¿y si tenemos una niña?.... a lo cual respondí… pues  ¡¡qué felicidad!!!... le compraremos más vestidos y seguramente la gente nos regalará cosas muy lindas… por lo pronto estoy realmente feliz que otras bebitas hermosas puedan usar esas prendas y que me apoyen en este gran ejercicio de SOLTAR que en verdad me ha hecho sentir muy bien.

Todo esto me ha llevado a reflexionar sobre cuantas veces en nuestra vida solemos guardar cosas “por si acaso”… y peor aún cuando esas cosas que guardamos tan celosamente son sentimientos que encerramos en nuestro corazón y nos guardamos un “te quiero”, un “perdóname”, un “te extraño”…

Cuantas veces vamos por nuestra vida “cuidándonos” de situaciones, o sentimientos “por si acaso”, creyendo que con ello estamos salvando a nuestro corazón. ¡¡¡No lo hagan!!!... no guarden, mejor saquen, no se aferren a las cosas, déjenlas ir…

Estos pensamientos me están ayudando a tomar este cambio de residencia de una mejor manera, a mirar hacia delante, a abrir los closets  y vaciarlos … a llenar las maletas de amor y no de cosas, a soltar y dejar lo que no me sirve (cosas y sentimientos) y a empezar un viaje más ligero, con menos carga material y emocional.

Hoy se cumple un año que conocimos a Mia, una bella bebé con semblante de paz que su paso por la vida me ha dejado muchos aprendizajes y sin duda me ha hecho mejor persona. Hace un año no pensé que lograría algún día sentirme como me siento hoy, pero definitivamente esto no ha sido magia ni tampoco el solo paso del tiempo. No, no, no... esto ha sido un constante ejercicio de soltar, no solo a mi bebé y la maternidad, sino soltar cualquier aferro en mi vida.

Los invito entonces, a abrir el closet de su vida, a contemplar lo que hay ahí guardado, a celebrar lo que han sido … pero también los exhorto a sacar lo que ya no les sirve, a vivir con menos “por si acasos”, a decir lo que han guardado en su corazón, a tener menos apegos materiales y emocionales en su vida, porque “Aquel que quiere viajar FELIZ debe viajar LIGERO” (Antoine de Saint-Exupéry)


Bon Voyage,
La mamá de Mia <3

@VidaMiaDM
vidamia0409@gmail.com

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