lunes, 18 de enero de 2016

El reto de vibrar en gratitud y amor


Dicen que hoy es el #BlueMonday, el día más triste del año. Así se le conoce al tercer lunes de enero, al menos en el hemisferio norte de nuestro planeta, ya que en varios lugares llueve y hace mucho frío (brrst). Además, la quincena ya se nos fue entera a pagar las saturadas tarjetas de crédito por todos los gastos navideños, la báscula no es nuestra mejor amiga y los propósitos de año nuevo ya están en el olvido.

Esto hace que hoy las redes sociales se llenen de mensajes positivos (y claro también de memes) buscando contrarrestar el que se supone es el día más triste del año.

Me parece totalmente sin sentido esta fecha y aún más, me parece deprimente que haya gente que se lo crea y que por lo mismo justifiquen que su día fue gris y triste porque así estaba destinado a ser. Really?.

Peeeeero, más que criticar o profundizar en esta fecha más bien aprovecho este sentimiento que me removió la cabeza para compartirles mi reflexión sobre el cierre del 2015 y contarles cómo mi percepción cambió pues estaba segura que era el peor año de mi vida (era como un #BlueYear jaja), pero gracias a un reto que hice descubrí que fue un gran año. Si, a pesar de todo, fue un gran gran año.

Todo empezó a finales del 2014 cuando vi una imagen en Pinterest que invitaba a iniciar el año con un frasco vacío y un paquete de tarjetitas para escribir cada vez que algo padre te sucediera. Acepté el reto e invité a otros a hacerlo. Me encargué que en cada casa de mi familia hubiera un lindo frasco y unas tarjetas de colores esperando a contener las mejores hazañas de cada uno de mis seres más queridos.


Durante el trayecto del 2015 hubo frascos que cruzaron fronteras hasta llegar a sus dueños, otros que cambiaron de propósito y nunca contuvieron tarjetas, otros que permanecieron vacíos durante varios meses y hubo inclusive uno que nunca llegó a su destino.

Desde ahí empecé a aprender de este reto pues descubrí la analogía con la vida: por ejemplo el amor que he depositado en algunas personas ha llegado a cruzar fronteras, por otro lado también he visto mutar al amor que siento por alguien para adecuarse al propósito por el cual nació ese sentimiento y finalmente en otros casos el amor ha tardado en florecer o bien no he tenido correspondencia. Así es la vida… y ¡¡me encanta que así sea!!.

Mes con mes fui viendo cómo el frasco se llenaba de papeles, inclusive en los meses más difíciles siempre hubo algo que escribir. No hubo enfermedad, muerte, carencia o ausencia que empañaran demasiado mi vida como para no lograr ver salud, vida, abundancia, presencia y sobretodo AMOR.

Gracias a este reto fui testigo de muchas alegría: de la cara de ilusión e inocencia de un niño que escribió “Fue el mejor día de Reyes de toda mi vida”; de la sutileza de un adolescente para reconocer que es motivo suficiente para ser feliz el reconocer que “son vacaciones y no voy a la escuela eeeeh”; de la profunda y sincera alegría de mi esposo al reconocer “voy a ser papá otra vez!!”; de mi entera realización al saber que “es niña!”. En fin, todo un frasco lleno de mensajes enalteciendo la dicha de la vida… inclusive Sparky expresó sus momentos más preciados: “hoy me comí un gran hueso… life is good”. (si, mi perro es bilingüe, me consta porque me entiende cuando le hablo en español y en inglés).

Obviamente el año tuvo también momentos no tan bonitos, pero aún así las tarjetitas que honraron nuestro frasco fueron el resultado del trabajo duro y consistente para salir de esas dificultades y gracias a ello hoy nos reconocemos como una familia fuerte, unida, con mucha humildad y con una gran voluntad de ser mejores cada día.

Sumado al ejercicio de gratitud que recorrí durante el complicado segundo semestre del 2015 que me tocó vivir, reconozco también que esta dinámica del “memory jar” le dio mayor tangibilidad a mi felicidad, y sobretodo me hizo recordar que cada día sin importar si es el más feliz o si se supone debe ser el más triste de tu año, siempre siempre hay oportunidad de reconocer que algo estuvo bien y que disfrutaste de tu vida.

Estoy segura que muchas personas vieron la misma imagen de Pinterest que yo, de hecho este año también la he vuelto a ver en redes sociales, pero lo mismo pasa en la vida… estas invitaciones a hacer consciencia de tu existencia y de tu felicidad están ahí presentes siempre y a través de diferentes representaciones, solo es cuestión que las quieras ver y aún más importante que las quieras utilizar para engrandecer tus días.

Y ahora les pregunto a ustedes…  ¿Aceptan el reto?. No es una simple invitación a tener un 2016 increíble pues con toda certeza sé que SI lo tendrán… es más bien una invitación a vivir en plena consciencia y con ello lograr vibrar en la frecuencia más alta que existe, en la frecuencia de la gratitud y del amor…. ¿Aceptas?

La mamá de Mia <3

@VidaMiaDM
vidamia0409@gmail.com




miércoles, 30 de diciembre de 2015

Soltar no es decir adiós, sino decir ¡Gracias!

A propósito del cierre de año he estado muy reflexiva. Hace unos meses, imaginaba el final del 2015 definitivamente de manera distinta, visualizaba una bebé vestida con una pijamita que dijera “My 1st Christmas” o un Santa Claus ilusionado dejando bajo el árbol un juguete para la bebé más hermosa. Mi realidad es muy distinta hoy, pero no por ello estoy triste, solo un poco nostálgica de esa gran ilusión.

No sé si les ha pasado pero a veces cuando tienes algo pendiente por hacer en tu vida pareciera que atraes las señales que te recuerdan el camino que debes seguir. Así me ha sucedido en las últimas semanas, en mis sesiones de tanatología, el coaching, la plática con amigas, los libros y artículos que leo, los posteos en redes sociales, y por todos lados me he topado con mensajes que me hablan sobre la importancia de SOLTAR.




Durante mucho tiempo he malentendido que soltar es decir adiós. Despedirse de una persona, una situación o un sueño. Eso me aterraba. Y cada vez que alguien me decía “es que ya tienes que soltar”, me sentía realmente ofendida. ¿No era suficiente haberme tenido que despedir del cuerpo de mi bebé, como para que ahora me pidan que la suelte, que me olvide de ella?.

Pero después de mucha reflexión y también mucho, mucho amor, he decidido soltar a Mia.

Como parte de mis tareas de tanatología me pidieron grabar un mensaje a Mia, escucharlo en voz alta y después borrarlo. Soltar el mensaje. Soltar ese amor. Decirlo y dejarlo ir.

Me costó mucho trabajo hacer está tarea, la demoré mucho, la pospuse lo más que pude y finalmente con todo el amor en el corazón logré que el mensaje no fuera de despedida, sino de agradecimiento.

Y dije al aire:

“Quiero agradecer que tú me hiciste madre, porque a pesar de que hoy no estás conmigo, fue contigo que conocí lo que es el amor de madre. Y Sabes? queremos intentarlo de nuevo para que logre vivir mi maternidad a toda plenitud  […..] Intentarlo de nuevo no es ninguna traición hacia ti, ni expresa ningún olvido. Nunca te olvidaré Mia. Siempre estarás en mi mente y en mi corazón y siempre te estaré infinitamente agradecida por todo lo que me has enseñado con tu experiencia de vida”

[…]

“Quiero soltarte, pues soltarte es dejar atrás esa ilusión que tenía de que fueras tú la bebé que creciera a mi lado y eso ya no será posible. Soltarte es desocupar mis manos para tenerlas abiertas para recibir nuevamente. Soltarte es abrazarte muy fuerte con mi corazón para que siempre te quedes ahí, en el lugar que he construido para ti y que siempre será tuyo, pero abriendo espacio a todo aquello que quiera venir a complementar nuestra vida. Soltarte es darte las gracias por lo que ha sido ésta experiencia de ser tu madre”.

Con todo esto… Aprendí que Soltar no es decir adiós, sino decir ¡Gracias!.

Y como siempre busco la coherencia en mi vida, me daré el permiso también de cambiarle un poco el sentido y tono a este blog. Todo este proyecto inició como un compendio de los aprendizajes que trajo a mi vida mi angelita, pero la verdad es que aprender de la vida depende más de cada persona. En la vida no nos pasan cosas “para que aprendamos”, más bien las cosas suceden,  y ya depende de cada quien si decidimos “aprender de las situaciones que nos tocan vivir”. Así que a partir de ahora este espacio simplemente hablará de la vida y de mis reflexiones,… estos pensamientos y sentimientos que son resultado de la nueva persona que soy … aquella que está aprendiendo a soltar y no deja de estar agradecida de lo que recibe cada día.

No dejaré de escribir y seguramente tampoco dejaré de mencionar a Mia de vez en cuando. Lo que soltaré, en realidad, es la rigidez de que “este blog es para honrar su memoria”. No necesito un espacio para agradecerle cada cosa que he aprendido. Bastará con seguir siendo yo misma y honrando mi propio camino, haciendo un homenaje a la vida, a lo que hoy está presente.

Es por eso que, aprovecho esta entrada de mi blog para soltar este ciclo de tristeza y dolor que viví, agradeciendo a todas aquellas personas que me han acompañado, apoyado y entregado su compasión. Su amor ha sido fundamental para sanar y les pido sigan siempre caminando a mi lado haciéndome ver lo hermoso de la vida.

Hoy, estoy dispuesta a soltar, vaciar mis manos, dejar ir … y juntarlas en posición de oración para decir desde lo más profundo de mi corazón … Gracias!!.

Infinitamente agradecida,
La mamá de Mia <3


@VidaMiaDM
vidamia0409@gmail.com




lunes, 2 de noviembre de 2015

Hablar de una pérdida, es hablar de crecimiento


Resulta que hablar de la muerte es hablar de la vida. Hablar de una pérdida, es hablar de crecimiento. Eso y más es lo que he aprendido en las sesiones con mi Tanatóloga, dónde estoy trabajando la pérdida de Mia.

Hoy que se celebra el Día de los Muertos me parece oportuno resumir los principales aprendizajes que he tenido al trabajar la pérdida de Mia. Aprendizajes que no podrían haber llegado a mí con tanta claridad, realidad y humanismo, sino hubiera conocido a Gaby, mi tanatóloga (@gabytanatologa)

No hay culpabilidad, solo responsabilidad. Definitivamente no fue mi culpa que Mia muriera. Me lo cuestioné infinidad de veces, evalué con detalle cada acción que tomé en mi embarazo. ¿Comí de forma adecuada?, ¿Tomé todas las vitaminas, medicamentos y tratamientos de forma adecuada?, ¿Dormí lo suficiente?, ¿y si hubiera tenido revisiones más seguido?, ¿y si a la primera sospecha de disminución de movimiento hubiera corrido a urgencias?. En cada pregunta sin respuesta me sentí culpable, hasta que en una de mis sesiones de tanatología mi razón se vio iluminada y mi corazón sorprendido cuando Gaby me dijo, “Sinceramente, es muy soberbio de tu parte pensar que todo dependía de ti. Hay cosas que tú no controlas, ni siquiera tu médico. No actúes con soberbia”. Ahora entiendo que era imposible que yo controlara todo y más bien lo único que podía hacer y que siempre hice fue actuar con extrema responsabilidad en el cuidado de mi embarazo. Eso es lo que se espera de una madre, y así lo hice.

Cada quien vive el duelo a su manera. Durante muchas semanas creí que tener el privilegio de ser la madre de Mia me daba el derecho de tener el protagonismo ante el duelo, así como a “exigir” a otros que sus demostraciones de amor y dolor fueran similares a las mías. Me desilusioné mucho viendo como otras personas no lloraban como yo. Llegué a pensar que no querían ni deseaban tanto la llegada de esta bebita hermosa y que por lo tanto no les dolía como yo creía que “les debía de doler”. Gran error. El duelo ante la muerte es tan personal y único, como la vida misma. Cuando por fin aprendí esto, empecé a ver todo el amor hacia Mia que siempre había estado ahí. Descubrí poetas (y varios) en la familia, descubrí niños entendiendo con mucho realismo qué es un ángel, descubrí a un padre escribiendo la carta de amor más profunda que puede recibir una hija, descubrí amigas con bebés en los brazos valorando lo que tienen,  descubrí a una abuela buscando fotos de chiquitos de todos los miembros de la familia hasta encontrar una donde pudiera yo (por fin) responderle “si, así era Mia, esa misma carita tierna tenía”. El duelo se viste de diferentes formas, tantas formas como personas que viven ese mismo dolor. Y así, en armonía, todos esos sentimientos con diferentes matices han dibujado un gran recuerdo hacia Mia y han enaltecido su corta existencia.

El santuario de Mia, soy yo. Las primeras semanas después de la muerte de Mia me costaba mucho trabajo entrar al que sería su cuarto, me daba mucha tristeza ver ese espacio vacío y podría jurar que sentía que la extrañaba, pero aprendí que no puedo extrañarla ni puedo ver lugares de mi casa como espacios donde “ya no está”, por el simple hecho de que nunca estuvo ahí. Al contrario de otros duelos donde se tienen experiencias de vida con una persona, en mi caso, Mia solo vivió dentro de mi. Puedo extrañar y añorar los momentos de estar embarazada pero no puedo extrañar a un bebé en brazos. Descubrir esto fue muy fuerte para mí, sobretodo porque en ocasiones lloré profundamente mientras arrullaba un mameluco vacío en mis brazos. Pero al final aprendí la lección y lo que se quedó conmigo fue esa gran ilusión de que la pequeña Mia llegara a la vida. Ante esta ausencia (de la ilusión), he buscado a Mia en muchos lados, inclusive en sus cenizas, a las cuales en ocasiones les hablaba, hasta que un día mi tanatóloga me iluminó con una frase … “El santuario de Mia, eres tú”. OMG!!!, ¡es cierto!. El único lugar donde ella vivió es dentro de mi y el único lugar donde seguro siempre la encontraré, es en mí.

Se vale sonreír. ¿Cuánto tiempo debe pasar para volver a sonreír?, una amiga me dijo que solo mi corazón me diría cuando. Y así fue. Pero en el camino es muy difícil pues la gente (aunque sea con la mejor intención) te desmoraliza cuando te dice “¡qué bien te veo!”, “¡se ve que ya la estás pasando mejor!”. A veces esas frases son como una ofensa para alguien que aún está atravesando un duelo. Y entonces, inclusive, dan menos ganas de sonreír porque sería una forma de decirle al mundo “no, a ver, espérate, todavía la estoy pasando mal, todavía lloro, todavía me duele, y si me estoy dando el permiso de sonreír es porque quiero ser feliz, pero por favor no hagas menos mi dolor”. Así, en la búsqueda de esta coherencia entre lo que siento y lo que demuestro las sonrisas se escapan, ya no las retengo más, las libero, las regalo a diario…

Gracias pequeña MIA, por acercarme al concepto de muerte y hacerme perder el miedo a la misma, por traerme la experiencia de Gaby que está guiando el amor que te tengo y el propio amor que tengo a ésta la VIDA MIA.

No tengan miedo, en serio, no vale la pena gastar energía ahí, mejor inviértanla en trabajar sus duelos, porque créanme que he aprendido que al estar trabajando el dolor te puedes sorprender de cómo una pérdida se convierte en una ganancia. El yin y el yang de la vida que te da como resultado mucho crecimiento personal.

Agradecida con la tanatología,
La mamá de Mia

vidamia0409@gmail.com


"Transitar un duelo y salir fortalecido de él significa no haber perdido sino haber crecido" 
Gaby Pérez Islas.








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